Amores y desamores de un traductor profesional con macOS

 

En 2015 cometí lo que muchos computines consideran un ignominioso acto de adulterio tecnológico: me cambié a Mac. Para que el duelo fuera rápido y eficaz y mi nueva relación informática empezara sin remordimientos, opté por un quiebre radical: decidí olvidarme por completo de aquellos treintaiséis años de noviazgo tormentoso con Windows y sus diferentes (e inestables) encarnaciones. Si iba a tener que aprender a convivir con macOS y acostumbrar mis dedos a un nuevo tipo de teclado (mejor que el de cualquier PC que tuve), la transición tenía que ser completa y sin vuelta atrás. Era hora de olvidarse de Windows para siempre. Nada de resucitar pasiones extintas.

 

Wordfast Pro… o nada

Una vez aprendidos los rudimentos y alguno que otro truco fundamental de macOS gracias a los videos tutoriales de David A. Cox, y ya convencido del futuro promisorio de mi incipiente amorío, había que ponerse al día con las herramientas que debe tener todo traductor profesional. Y si con macOS podemos mantener vivas nuestras relaciones de larga data con programas indispensables como Dropbox (y complementarlo con iCloud para tener más espacio gratuito), el programa de subtitulado de código abierto Aegisub (que funciona igualito que en Windows) y ABBYY Fine Reader, los programas de traducción asistida por computador (TAC, o CAT en su sigla en inglés), en cambio, son más temperamentales. Tras mucho investigar, tuve mi primera decepción: muchos programas simplemente no tienen versión para Mac, y mis únicas opciones eran OmegaT, CafeTran y Wordfast Pro.

Como mi herramienta TAC en ese momento era Wordfast Classic, que funcionaba como un plugin dentro de Word (muy similar a las primeras versiones de Trados), mi primer impulso fue comprar Word 2011 —la única versión que funcionaba con Wordfast Classic— con la esperanza de que todo siguiera más o menos igual. Pero resulta que WF Classic, que ya no funcionaba muy bien en Word para Windows (aunque para mis necesidades traductoriles bastaba), corre pésimo en macOS, y entonces decidí innovar dándole una oportunidad a CafeTran. No hubo caso: revisé los manuales y miré tutoriales, pero simplemente no correspondían a lo que yo veía en mi pantalla. Como ir a una cita a ciegas y equivocarse de persona, supongo. Quedaba OmegaT, pero ya habíamos coqueteado algunos años antes en Windows y habíamos durado poco. Tenía demasiadas cosas que yo no necesitaba en esa época y un aspecto poco glamoroso (y sí, lo de afuera también cuenta).

La última y gran decepción en todo este embrollo fue la bofetada que recibí de Déjà Vu. Como había escuchado maravillas al respecto, en un acto desesperado escribí a la empresa desarrolladora para saber si había una versión para Mac. La respuesta fue lapidaria: no había, y como habría que reescribir el código entero y eso implicaba demasiado trabajo, difícilmente sacarían una versión para Mac a corto o mediano plazo. Como usuario de Mac, simplemente no era digno. ¿La solución? Wordfast Pro, que sigo usando hasta hoy. Tiene todo lo que necesito por un precio razonable y, salvo algunas diferencias en los atajos, funciona más o menos igual que la versión de Windows (es decir, más o menos bien).

 

La gran pérdida: IntelliWebSearch

Para un traductor profesional, cambiarse definitivamente a Mac también significa prescindir de algunos programitas muy útiles, como el editor de memorias de traducción Okapi Olifant y el contador de palabras Count Anything, que no tienen ningún sosia para macOS ni nada que se les parezca remotamente. También tuve que olvidarme de TransTools, un complemento bastante útil para Word, aunque la verdad es que no lo usaba tanto. Pero la mayor pérdida, una que me hace suspirar hasta hoy, es IntelliWebSearch, la mejor herramienta de búsqueda que se haya inventado. Configuras tus bases de datos y tus atajos, y con simplemente seleccionar un término (en Word o donde sea) y apretar un par de teclas, IntelliWebSearch hace la búsqueda por ti. En mi caso, bastaba apretar alt+6 y el término seleccionado aparecía en IATE, junto con el resultado de la búsqueda. Con alt+1 me mostraba el resultado en el DRAE; con alt+3, en el diccionario inglés-español de Wordreference, etcétera.

Tras mucho buscar, lo único parecido que encontré fue Shortcuts, que no pasa de un simple comando de atajos para abrir páginas web, pero sin hacer la búsqueda. Fue y sigue siendo mi peor es nada, como diríamos en Chile.

 

Diccionarios gratuitos

No todo ha sido sufrimiento y desilusión en mi relación con macOS. Apple tuvo la excelente idea, por ejemplo, de agregar algunos diccionarios gratuitos a su sistema, como el Diccionario general de la lengua española Vox (el único, junto con el diccionario Clave, que trae ejemplos fraseológicos), el New Oxford y algunas joyas más. Lo descubrí hace no mucho y fue amor a primera vista. Es fácil de configurar (es decir, elegir los diccionarios que uno quiere tener en la app), simple de usar (lo pones en el Dock y ahí lo tienes para hacer tus búsquedas lexicográficas… manualmente, claro. Ah, IntelliWebSearch, por qué te abandoné…) y no requiere conexión a internet. Una vez descargados los diccionarios, ahí quedan.

Diccionario general de la lengua española Vox en MacOS

 

De Dragon a Dictado

Quienes nunca han usado Dragon Naturally Speaking para dictar sus traducciones (en vez de escribirlas) deberían probarlo. Es cierto que el proceso cognitivo es diferente y al principio las traducciones tienden a salir más literales, pero uno rápidamente se acostumbra y va aprendiendo a traducir tan bien como por escrito, sobre todo si es un tema familiar o sin complejidades estilísticas. Este sistema acelera un montón el proceso de traducción (uno habla más rápido de lo que escribe) y cansa mucho menos (suena casi tautológico, pero hablar cansa menos que escribir). De hecho, cuenta la leyenda que antes del advenimiento de la informática los traductores de la ONU dictaban las traducciones a sus dactilógrafos. En nuestro caso, Dragon Naturally Speaking hace maravillas… pero no en macOS. Quizás tenga que ver con el hecho de que sus creadores sean exempleados de Apple que empezaron desarrollando el sistema para macOS antes de fundar la compañía Nuance y dedicarse a satisfacer las necesidades de la competencia. Lo bueno es que Apple siguió trabajando en su propia versión y ahora macOS trae la app Dictado preinstalada, que funciona tan bien como Dragon, pero con un hermoso detalle: es gratuita (forma parte de las funciones de accesibilidad de macOS pensadas para personas con capacidades motrices reducidas). Recientemente me enteré de que Google había lanzado su propio sistema de dictado, que usa redes neuronales y al parecer funciona bastante bien. Yo, por ahora, estoy a gusto con Dictado.

 

El mejor trío: el Mac, el iPad y Duet

La relación con un Mac puede ser tormentosa al comienzo, pero una vez que se consolida y nos resignamos a cambiar ciertos placeres por otros, todo fluye bastante bien. Tanto la pantalla como el teclado y el Trackpad del Mac son, creo yo, simplemente insuperables, y aunque macOS tiene sus pros y contras, como todo en la vida, su integración con los demás dispositivos Apple ofrece algunas ventajas. Una de ellas es poder usar un iPad como segunda pantalla gracias a la app Duet y formar un trío perfecto que ayuda a colmar el vacío dejado por IntelliWebSearch. Pero hasta ahí llega mi promiscuidad informática: lejos de mí incurrir en el libertinaje de quienes se pasan el día manoseando un Mac para reincidir con Windows, ya sea instalándolo en una partición del disco duro o bien usando Boot Camp, que permite instalar Windows dentro de macOS (con todo el consumo de recursos adicionales que implica correr dos sistemas operativos a la vez). Si la idea de tener un Mac es que todo sea más simple, alternar entre macOS y Windows según el tipo de trabajo me parece un despropósito. Ningún romance es perfecto, desde luego, y hay muchas formas de atizar la llama cuando una relación se desgasta. No creo que recurrir a un ex sea la mejor de ellas.

 

Mac y iPad con Duet