Los desafíos de traducir para ingenieros

Empezaré este artículo señalando lo obvio. Traducir para ingenieros sin duda es complicado. Imagino que mis estimados lectores querrán verme indagar un poco más en el porqué. Yo, que soy un escritor complaciente, no puedo negarme a satisfacer su curiosidad. Haré una síntesis del problema basándome en mi experiencia. Hablaré de tres factores internos y dos externos.

 

Factores

En cuanto a los factores internos, diré que los documentos redactados por ingenieros:

  • están cargados de conceptos arcanos (me explayaré sobre esto en breve);
  • abundan en oraciones largas, propias del estilo académico, y quizá por esto también
  • en no pocos pasajes, buscando aclarar, confunden.

El factor externo es que:

  • los documentos escritos por ingenieros pueden tener aportes de diferentes autores y diferentes revisores de especialidades distintas.

No es infrecuente que estos sean de diferentes nacionalidades y escriban sus partes en idiomas distintos. Así, en una página podemos encontrar cantidades escritas con coma decimal y en una tabla, con punto decimal. A propósito, la Wikipedia en español tiene un artículo muy interesante sobre la separación de decimales que ayuda a entender por qué este tema saca canas verdes a ingenieros y traductores por igual.

Volviendo a lo nuestro, un posible segundo factor externo es que:

  • el documento recibido para traducir sea un borrador, es decir, una versión que puede tener partes faltantes o sobrantes.

En todo caso, cuando no lo es, tampoco nos libramos de encontrar un texto que a simple vista parezca poco pulido.

 

Seamos justos

Leyendo hasta aquí, pensarán que estoy siendo injusto con mis amigos ingenieros. Debe haber un error. Sin su capacidad de comprender y resolver problemas complejos aplicando herramientas científicas estaríamos nadando en el barro. Bueno, precisamente por eso los textos producidos por ingenieros exhiben estas complejidades. Los ingenieros no disponen de mucho tiempo para preparar sus textos. Hacen lo mejor que pueden con las herramientas a su disposición y, por cierto, lo hacen muy bien si tenemos en cuenta sus circunstancias.

Un novelista puede tomarse meses y hasta años para producir una sola obra de ficción. Un ingeniero consultor, en cambio, debe ser capaz de mantener un flujo constante de producción de informes. En unas decenas de páginas debe sintetizar el trabajo de meses o incluso años de investigación. Sus investigaciones tratan de encontrar soluciones eficaces y eficientes a problemas de la vida real. Un ingeniero que redacta un informe no tiene como fin que su texto sea fluido ni que atrape al lector. Le interesa más que su texto comunique adecuadamente la respuesta que propone al problema que se le plantea.

Frente a esto, los desafíos para los traductores técnicos son claros. Debemos ser capaces de ayudar a los ingenieros a producir textos que:

  • tengan coherencia y cohesión;
  • no presenten ambigüedades, y
  • usen términos técnicos, convenciones ortotipográficas y sistemas de medidas de manera uniforme.

 

Arcanos

Dije antes que los ingenieros manejan conceptos arcanos. No es una exageración. El nivel de especialización puede ser muy alto. Lo escrito por un ingeniero A y un ingeniero B puede llegar a ser mutuamente ininteligible. Esto plantea una dificultad adicional para el traductor cuando necesite recurrir a un experto para entender una frase. El traductor técnico debe identificar la disciplina relacionada con un trozo de texto antes de decidir qué fuentes consultar o a quién pedir aclaración.

Les daré un ejemplo. Hace un par de años, trabajaba en un informe técnico sobre un proyecto de depósito de relaves. Había partes que traducir del español al inglés. La colega a quien encargué el trabajo tradujo la palabra afloramiento como seepage. Sin duda, así la encontró en algún glosario técnico. El problema es que, en inglés, los afloramientos de agua y de roca tienen nombres distintos. El texto en cuestión trataba de la caracterización geológica del área de emplazamiento del depósito. Es decir, se refería a afloramientos de roca, por lo tanto, el término correcto era outcropping. El término seepage hubiera estado perfecto en el contexto de manejo del drenaje ácido de roca. Este puede ser consecuencia de la infiltración al pie del muro del depósito, problema que conocen muy bien los geoquímicos.

 

¿Ingeniería de procesos químicos, ingeniería geotécnica o ingeniería mecánica?

Otro ejemplo que me gusta citar: los pares slimes y sands, underflow y overflow, en inglés, frente a los pares lamas y arenas, rebose y pasta, en español. Estos términos vienen de dos procesos. Uno es el espesamiento de los relaves (colas en Argentina; jales en México) que salen de la planta de beneficio de una operación minera. Otro es la separación de los relaves para su disposición en un depósito al que llamamos tranque (en Chile), dique (en Argentina) o presa (en Perú y México). Podría tocar en otro artículo el interesante tema de los regionalismos en el vocabulario técnico de los ingenieros hispanohablantes.

En el primer proceso, grosso modo, la fracción fina de los relaves, compuesta mayormente de agua, fluye por la parte superior del tanque de espesamiento y desborda, o rebosa, hacia una descarga para ser recuperada. La fracción gruesa, en tanto, fluye por el fondo del estanque para asentarse como sedimento y ser extraída por bombeo, de ahí que un ingeniero de procesos químicos, para referirse a la fracción fina, hable de rebose. Para referirse a la fracción gruesa usará lodo, pulpa o pasta, según el nivel de concentración de sólidos en el sedimento. La pasta tiene la mayor concentración. Su colega anglófono se basará en las características del proceso para llamar overflow a la parte que fluye por arriba y underflow a la que fluye por abajo.

 

Diagrama de un espesador.

Diagrama de un espesador. Crédito de la imagen: © 2020 Westwick-Farrow Pty Ltd

 

 

Diagrama de un hidrociclón

Diagrama de un hidrociclón. Crédito de la imagen: Particle size segregation and excess pore water pressure with respect to rate of rise of tailings dams, Gabatsoswe Lebitsa, 2016.

 

El segundo proceso tiene lugar en una estación de hidrociclones que suele estar situada en el propio depósito de relaves. Ahí, por medio de fuerzas centrífugas, se separan la fracción fina y gruesa. La primera es depositada por tuberías en la cubeta del depósito y la segunda se emplea como materia prima en la construcción del muro (o presa) de contención del depósito. Un ingeniero geotécnico, preocupado de la estabilidad de dicho muro, hablará de lamas para referirse a la fracción fina y de arenas para referirse a la fracción gruesa. Su colega de habla inglesa, en tanto, hará lo propio y dirá slimes y sands. En ambos casos, la referencia se basa en las características físicas del material, más que en cómo se produce. En cambio, un ingeniero mecánico que se encuentre trabajando en el diseño de esa misma estación de hidrociclones tomará prestados del inglés los términos overflow y underflow, ya que se interesa más por lo que ocurre dentro del ciclón. También podría optar por usar flujo superior y flujo inferior, con la precaución de poner al lado y entre paréntesis los términos en inglés. No vaya a ser que alguien se confunda. Y si fuese necesario aclarar si estamos hablando de espesadores o hidrociclones, los ingenieros del otro lado del ecuador escribirán thickener o cyclone delante de underflow y overflow.

¿Decía yo que traducir para ingenieros es complicado?

Héctor Cartagena, 05/2020

Héctor es traductor y licenciado en lengua inglesa con 15 años de experiencia, de los cuales ha dedicado gran parte a la traducción científico-técnica. Actualmente colabora con Filigrana Traducciones desarrollando el área de traducciones técnicas con foco en las industrias de minería, petróleo y gas, energía y construcción para sus clientes ingenieros consultores. También es miembro del Comité F43 de ASTM International.